por Saga el Sáb Abr 24, 2010 8:24 pm
Por lo visto, ya nada podría evitar que algo distrajera a String de aquellas cicatrices, tampoco serviría de nada evadir la conversación, y desviarla con otras cosas, sería como intentar tapar el Sol con un dedo, y ya estaba cansado de huir a lo ya evidente. Quizás la camadería de encontrarse en similares circunstancias le dio el valor suficiente de enfrentar las cosas, por única vez en su vida, y confiar en alguien más que no fuera en él mismo.
Lentamente volteó hacia el chico de espaldas sobre el colchón, con la mirada fija en la suya y el rostro inexpresivo, hablando con voz neutra mientras contaba los motivos de su huída de casa.
- Fue ... mi padrastro. Mi verdadero padre falleció en un accidente automovilístico. Cuando yo tenía seis años, me llevó a pasear en el coche, pero en el camino de regreso a casa comencé a hacer un berrinche porque me sentía cansado, y papá, al intentar calmarme, perdió el control del auto, y nos estrellamos contra un árbol. Él falleció instantáneamente, mientras yo escapé ileso. Mi madre comenzó a rechazarme, culpándome del accidente, y yo también creo que fue así. Dos años más tarde, ella se casó nuevamente con un tipo muy rico pues ella solo sabía ser una mantenida, pero ese cerdo era un pedófilo, y al poco tiempo comenzó a abusar de mí y violarme. A los diez años, yo me había hecho adicto al dolor físico, comencé a cortarme, mientras que ese gusano repugnante supo de aquello, y comenzó a agregar a sus violasiones rudas sesiones de sadismo. Cuando no conseguía dejarme medio muerto, dejaba mi cuerpo lleno de heridas, pero no me importaba, después de todo era el castigo que merecía por asesinar a mi padre, además, si el dolor era externo, dejaba de sentir un poco menos aquel dolor interno. Casi siempre se le pasaba la mano, hasta que un día, trajo un látigo, con puntas de metal. Golpeó mi espalda mientras me violaba, una y otra vez, hasta que me desmayé. Mi madre se enteró de aquellas cosas y nuevamente me culpó de arruinar su vida, así es que después de regresar del hospital y golpearme, me dijo que si decía algo a la policía sobre lo que me hacía ese hombre, me mataría. Supongo que ella no deseaba perder los beneficios del dinero de aquel puerco, ni los viajes de placer, ni su vida de lujo. Por eso me fui de casa hace ya un año y dos meses, para dejarla en paz y no ser un estorbo en la vida de nadie. -
No se dio cuenta, pero al acabar de hablar, sus ojos estaban inundados de lágrimas, que ahora rodaban copiosamente por sus mejillas, y se perdían en su cuello. Hacía tantos, tantos que no lloraba, y ahora solo deseaba llorar hasta gritar su llanto, y quedar sin voz ... solo desahogar la pesada carga que por tantos años había llevado estoicamente y que ahora se había vuelto insoportable.