por Saga el Lun Jul 12, 2010 1:35 am
Asintió en silencio y tímidamente con la cabeza al escuchar la pregunta del chico de brillante mirada esmeralda, recostándose sobre la cama y recibiendo en sus labios los ajenos, emitiendo un leve quejido de protesta cuando éstos se hubieron apartado para deslizarse por su pecho.
Sintió un cosquilleo en la barriga cuando aquella cálida lengua bajaba hacia su vientre, dejando húmedas marcas en su piel. Se sentía bastante nervioso, y su cuerpo temblaba notoriamente, aún así, deseaba con todas sus fuerzas que String le hiciera sentir con intensidad aquellas sensaciones que creyó no tener.
Su estómago se apretó aún más , ahogando un gemido que pugnaba salir de sus labios cuando los labios del chico tocaron la punta de su miembro, a la vez enternecido por aquel dulce beso tan íntimo, mientras los dedos del rubiecito hacían estragos entre la pequeña vellosidad de la base de su hombría, pero no pudo evitar que finalmente ese gemido atorado en su garganta escapara libremente al sentir la húmeda lengua pasearse repetidas veces por la hinchada cabeza enrojecida de su virilidad.
Deseaba más, aún más de aquella sensaciones. Nunca imaginó que fueran tan exquisitas y sublimes, mucho menos que rápidamente se haría adicto a ellas, como si por fin toda la hormonada lujuria atrapada dentro de su cuerpo, dormida a causa de sus traumas se disparara así de potente, haciéndole estallar por dentro.
Pero cuando pensó que no se podía sentir más placer que aquel, los labios de String le demostraron que estaba equivocado. Su sexo, al verse dulcemente atrapado entre los labios de String, se volvió rígido, como si éste estuviese hecho de acero o marfil, mientras su barriga se contraía de vértigo ante la explosión de sensaciones.
Cuando su padrastro le hacía sexo oral o anal, aprendió siempre a desconectar su mente de su cuerpo, se obligaba a no sentir, reprimiendo a su cuerpo a cualquier muestra de placer o incluso dolor que pudiera llegar a percibir, de modo que él violara su cuerpo vacío, como un frío muñeco de porcelana, pero su mente se mantuviera intacta y ajena a todo lo que estaba ocurriendo, aún si su miembro se erectaba y lograra eyacular. Pero con String era totalmente diferente ... no solo su cuerpo procesaba cada sensación y estímulo causado, sinó que también su mente memorizaba el placer, y lo hacía suyo, convirtiéndolo en sensual cúmulo de sensaciones, hasta la última fibra, hasta la última neurona de su ser.
Sus manos se movían, aferraban el colchón en busca de apoyo, rasguñándolo, apretaba en sus puños la tela de las cobijas, gimiendo sin pudor de forma suave, su cuerpo estremeciéndose de pies a cabeza y apretando los párpados completamente abandonado al enviciante placer. Y así, en medio de aquellas enajenantes sensaciones, una de sus manos reptó por el colchón, hasta toparse casualmente con el miembro ajeno, tan duro y erecto como el suyo, el cual no dudó en aferrar con su zurda mano, apretándolo algo rudo, estimulándolo con caricias y suaves apretones en la punta.
- Tráelo ... aaahh!!! hasta mi ... mmmhhff!!! boca ... q ... quiero probarlo ... t ... también .... aaahhh!! -
Suplicó con voz temblorosa y quebrada de placer.