Hacía poco tiempo había ingresado a trabajar para el Gobierno, y se alegró de ello. Realmente no podía ser mejor. Trabajo estable y un sueldo seguro mes a mes que le venía más que bien ahora que estaba solo en el mundo y tendría que subsistir por sus propios medios.
Necesitaba cuidar ese trabajo a como diera lugar, el mundo pasaba por una crisis global y en muchos sitios estaban despidiendo a las personas, pues muchas empresas se declaraban en quiebra. Es por eso que ni siquiera se atrevió a rebatir o negarse cuando su jefe le anunció que debía quedarse horas extras en la oficina aquel día de vísperas de Navidad a fin de adelantar trabajo para que al día siguiente, en Nochebuena, todos pudieran salir al mediodía para realizar los preparativos de Navidad junto a sus familias.
Quizás ese era uno de los motivos por los cuales ese trabajo se le asignaba a él, pues su jefe sabía que no tenía a nadie que le esperara en casa, pues su padre, su única familia, había muerto tan solo dos años atrás. Y aunque no era el único que se había quedado horas extras aquel día, si fue el último, o eso pensaba él.
Muchas de las luces y computadores de la gran oficina se iban apagando conforme sus ocupantes iban yéndose a casa, despidiéndose de Andy amablemente, hasta que en un par de horas ya no quedaba una sola alma en aquel sitio.
Con la cara hundida entre miles de formularios que revisar, así como balances que corregir, le sorprendió el ocaso con sus hermosos colores.
Se estiró hacia atrás estirando el cuerpo y los brazos hacia el cielo, apoyando la espalda sobre el espaldar de la cómoda silla frente a su escritorio, mirando aquellos colores dorados, rosados, anaranjados y azules que se colaban por el enorme ventanal del 14º piso en que se encontraba. La vista era magnífica, sobre todo porque desde allí se podía apreciar claramente la bahía.
Relajó su cuerpo, apoyando el codo diestro sobre el escritorio, mientras de aquel mismo brazo, su mano sostenía su mentón y mejilla y sus dorados ojos se veían atrapado por aquellos bellos colores, como un hermoso lienzo pintado con las más bellas acuarelas o dibujados en tonos pastel y sintió los ojos cansados, efecto tardío del brillante reflejo de la pantalla del computador que tenía que ver casi todo el día. Cerró los ojos un momento, pero los abrió casi de inmediato al percibir que si se quedaba así seguramente se dormiría sin remedio.
Decidió entonces levantarse, e ir al dispensador en busca de un café muy cargado a fin de vencer el sueño. Al menos esa garantía de tener máquinas de bebidas y cafe así como algunos sandwiches y pastelillos gratis por toda la jornada laboral era estupendo. Pero grande fue su sorpresa al hayar frente a la máquina de bebidas a otro joven, que como él seguramente se había quedado trabajando a pedido del jefe.
- Ho-hola ... Veo que también tuviste que quedarte, y al parecer somos los únicos en todo el piso. Yo soy del departamento Administrativo ¿y tú? -
Reconoció en el joven a uno del departamento de Recursos Humanos, cuyas oficinas se hayaban a un costado de las de Administración. Aquel joven había sido contratado solo un día después de su ingreso a aquella entidad, por lo cual era tan nuevo como él. Le sonrió, intentando parecerle amable.
Necesitaba cuidar ese trabajo a como diera lugar, el mundo pasaba por una crisis global y en muchos sitios estaban despidiendo a las personas, pues muchas empresas se declaraban en quiebra. Es por eso que ni siquiera se atrevió a rebatir o negarse cuando su jefe le anunció que debía quedarse horas extras en la oficina aquel día de vísperas de Navidad a fin de adelantar trabajo para que al día siguiente, en Nochebuena, todos pudieran salir al mediodía para realizar los preparativos de Navidad junto a sus familias.
Quizás ese era uno de los motivos por los cuales ese trabajo se le asignaba a él, pues su jefe sabía que no tenía a nadie que le esperara en casa, pues su padre, su única familia, había muerto tan solo dos años atrás. Y aunque no era el único que se había quedado horas extras aquel día, si fue el último, o eso pensaba él.
Muchas de las luces y computadores de la gran oficina se iban apagando conforme sus ocupantes iban yéndose a casa, despidiéndose de Andy amablemente, hasta que en un par de horas ya no quedaba una sola alma en aquel sitio.
Con la cara hundida entre miles de formularios que revisar, así como balances que corregir, le sorprendió el ocaso con sus hermosos colores.
Se estiró hacia atrás estirando el cuerpo y los brazos hacia el cielo, apoyando la espalda sobre el espaldar de la cómoda silla frente a su escritorio, mirando aquellos colores dorados, rosados, anaranjados y azules que se colaban por el enorme ventanal del 14º piso en que se encontraba. La vista era magnífica, sobre todo porque desde allí se podía apreciar claramente la bahía.
Relajó su cuerpo, apoyando el codo diestro sobre el escritorio, mientras de aquel mismo brazo, su mano sostenía su mentón y mejilla y sus dorados ojos se veían atrapado por aquellos bellos colores, como un hermoso lienzo pintado con las más bellas acuarelas o dibujados en tonos pastel y sintió los ojos cansados, efecto tardío del brillante reflejo de la pantalla del computador que tenía que ver casi todo el día. Cerró los ojos un momento, pero los abrió casi de inmediato al percibir que si se quedaba así seguramente se dormiría sin remedio.
Decidió entonces levantarse, e ir al dispensador en busca de un café muy cargado a fin de vencer el sueño. Al menos esa garantía de tener máquinas de bebidas y cafe así como algunos sandwiches y pastelillos gratis por toda la jornada laboral era estupendo. Pero grande fue su sorpresa al hayar frente a la máquina de bebidas a otro joven, que como él seguramente se había quedado trabajando a pedido del jefe.
- Ho-hola ... Veo que también tuviste que quedarte, y al parecer somos los únicos en todo el piso. Yo soy del departamento Administrativo ¿y tú? -
Reconoció en el joven a uno del departamento de Recursos Humanos, cuyas oficinas se hayaban a un costado de las de Administración. Aquel joven había sido contratado solo un día después de su ingreso a aquella entidad, por lo cual era tan nuevo como él. Le sonrió, intentando parecerle amable.


