Mis disculpas por el doble post. Pero no me gusta publicar dos capítulos en el mismo post, saldría un mega post que mutaría y nos absorbería a todos o.O. Diox, esto de ver Keroro por las mañanas me está afectando -w- En fin, si molesta el doble post hacérmelo saber y edito.-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Capítulo 7: Una dulce mascota.
Cerró la puerta tras de sí y lo primero que vieron sus ojos castaños fue la figura de Hinode, recostado sobre el escritorio y aún con el portaminas en la mano. Silenciosamente se acercó hacia él y con cuidado le tomó en sus brazos. Sus esfuerzos por no despertarle se vieron frustrados cuando el portaminas resbaló de la mano del estudiante y cayó estrepitosamente sobre la mesa. Los azules ojos de Hinode se abrieron y le costó un poco conseguir enfocar a Yoru.
-Disculpa, no era mi intención despertarte.
-Para una vez que consigo dormir… -refunfuñó y se recostó un poco más en los fuertes brazos del mayor.
Aquella acción le extrañó al mafioso, ya que lo que esperaba era encontrarse a Daisuke temblando del miedo en un rincón de la habitación, no un joven confiado que se entregaba a sus brazos y encima le reñía por haberle interrumpido la siesta. Depositó al menor en la cama y sonrió divertido, disfrutando de aquel cambio de humor. Se tumbó a su lado y Hinode rodó sobre su costado para encarar al mafioso y acurrucarse en su pecho. Aquel calor era agradable, se sentía protegido en los brazos de aquel asesino, ironías que ocurrían en la vida. Yoru no tardó en rodear su frágil cuerpo con los brazos y besar con ternura su frente.
-Pensaba que me temías.-comentó en un pequeño susurro.
-No, sólo te odio.- respondió el menor sin mirar al otro a la cara.
-Entonces, ¿por qué de repente te muestras tan dócil?
-¡No me muestro dócil! … Sólo trato de adaptarme a la situación.
-Dai-chan, sabes que por mucho que me sigas la corriente no vas a conseguir que te libere.
-¡Te he dicho que no me llames Dai-chan! ¿Acaso te gustaría que te llamara Seiji-chan?
-Vale, no te enfades. Si no te gusta que te llame Dai-chan, te llamaré Hino-chan.
-Yoru…. – el joven apretó los dientes molesto.- Eres un crío.
-¿Algún problema con mi complejo shota?
Hinode estalló en carcajadas y enterró el rostro en el pecho del mafioso, riendo divertido al imaginarse a Yoru como el típico niño mimado con pantalones cortos y un enorme oso de peluche.
-Yo no le veo la gracia.
-Yoru-san, te has colado. En las conversaciones que teníamos por internet me dijiste que tenías complejo de shota y esta tarde alegaste que todo lo que contabas era mentira.
-Bueno, tal vez no todo era mentira.
-¿Qué parte era verdad?
-¿Quieres saberlo?
-Sí… siento nostalgia cuando pienso que Yoru no existió nunca.
La mirada de Daisuke se tornó triste, recordando aquellas palabras que dijo Seiji y sintiendo de nuevo esa tristeza en el corazón. Yoru rompió el abrazo y dirigió su mano hacia el mentón del chico, obligándole a que le mirase.
-Desde el día en que Yoru vio tu foto y esa mirada azul su corazón empezó a saltar de alegría. Supongo que eso es lo que significa la palabra enamorarse.- dijo con un tono grave y profundo, inclinando su rostro y rozando sus labios con los contrarios hasta besarle, recorriendo su exquisita cavidad con la lengua. Hinode retrocedió un poco al principio, pero al final se dejó arrastrar por aquel beso, cerrando los ojos y resbalando una lágrima por su mejilla.
Yoru se percató de aquella lágrima y al finalizar el beso la atrapó con su lengua, acariciando la mejilla de Hinode y haciendo que se sonrojara. En respuesta, las manos del otro se colocaron en el pecho del mayor e hicieron fuerza para apartarle.
-Yoru me gusta, pero no Seiji. A él le odio.- dijo con un tono frío y volvió a dar la vuelta, dándole la espalda.
-No importa, del odio al amor sólo hay un paso.
-Es del revés. Se dice del amor al odio.
-Mira que eres cabezota Dai-chan.
-¡No me llames Dai-chan!- respondió enfadado y le lanzó una almohada.
Eso fue el detonante para desencadenar una batalla de almohadas. Daisuke cada vez estaba más confuso sobre la personalidad de su secuestrador. A veces actuaba de manera tierna y cálida, un comportamiento que era difícil de esquivar; otras veces actuaba de manera fría e insensible, capaz de asesinarte con una sola mirada, y ahora actuaba igual que un niño de diez años. ¿Eran así todos los mafiosos?
La noche pasó rápido y al amanecer los dos cayeron rendidos. La habitación estaba toda revuelta, con las almohadas desperdigadas por el suelo y la cama totalmente desecha, con las sábanas en el otro extremo de la habitación. Sonaron unos golpecitos en la puerta y Seiji despertó, incorporándose y descubriendo que Daisuke le había echado de la cama. Al levantarse le crujió la espalda y caminó hacia la mesilla de noche a por un cigarrillo. La puerta volvió a sonar y replicó molesto.
-Pasa, está abierto.
Tamashi se asomó tímidamente, viendo el panorama de la habitación y el aspecto desaliñado de su jefe, con la camisa mal abrochada.
-¿Una noche loca?
-Sí, una guerra de almohadas.- contestó indiferente y tras dar una calada al cigarro cuestionó al moreno con la mirada.
-Megumi-san te llama. Dice que tiene algo interesante de lo que hablarte.
-Vaya, esa arpía decide dar señales de vida después de dos años…. No puedo faltar a esa jugosa invitación. Quédate con Daisuke, vigila que no salga de la habitación, ¿de acuerdo?
Tamashi asintió con un gesto y Seiji salió por la puerta, sin molestarse en arreglar su aspecto. Megumi era una mujer que dirigía una amplia cadena de burdeles y conseguía un material de primera para ellos. La verdad es que disfrutaba bastante de aquellos sitios que aquella loca señora abría. Sin embargo, tan pronto como daba la noticia desaparecía y no se la volvía a ver después de unos años, por lo que sus ofertas no debían rechazarse de buenas a primeras.
Esta vez, el asunto no trataba de un nuevo burdel, ni de “entrenar” a unos jóvenes para que supieran chuparla bien, sino un asunto que inmiscuía a todas las mafias del distrito.
-¿Una subasta?
-Exacto. ¿Recuerdas a la Familia Nerone? Pues les han enchironado.- contestó la mujer con una sonrisa zorruna y pidiendo fuego a Seiji.
-Je, sabía que eso pasaría. Tenían demasiadas tensiones en el grupo, y un topo gordo y feo.- Comentó con una sonrisa maligna y enciendo el cigarro de Megumi.
-Gracias- dio una amplia calada y lanzó el humo por la nariz. Los ojos verdes se cruzaron con los castaños, señal de que iría al grano.- Bueno, se va a hacer una subasta de sus territorios, armas y drogas, antes de que la policía dé con ellos.
-Interesante. La verdad es que eso de los territorios es bastante tentador.
-Sabía que eso te llamaría la atención. En fin, el local es el bar Kuroi Neko y la subasta empieza a las doce. Es obligatorio llevar ropa de etiqueta y estar ahí a las diez. La subasta se hará clandestinamente, cuando los miembros del club de campo se marchen. Se necesita una invitación para entrar y cuesta cincuenta mil yenes.
-¿Y tú me harías un descuento?
-No va a hacer falta, querido. Resulta que tu familia figura como invitado especial, Haruko pagó tu entrada.
-¿Haru-chan?- el rostro de Seiji se ensombreció. ¿Por qué ese idiota haría tal cosa? Seguro que quería algo a cambio… tendría que ir con los ojos bien abiertos, tal vez fuera una trampa.- De acuerdo, gracias Megumi. Supongo que esperas que te pague por la información.
-Por supuesto, suelta.- Contestó alargando la mano. Seiji sacó un fajo de billetes del bolsillo de su pantalón.
-Lo siento, no llevo suelto, pero puedes quedarte el cambio.
-Gracias, por cierto…
Seiji se giró, tal vez Haruko había dejado algún mensaje y la mujer acaba de recordarlo. Megumi señaló su camisa y le miró con escepticismo.
-¿Sabes que vas cojo? Tienes la camisa mal abrochada.
-Tus noticias hacen que salga corriendo y dejé un asunto importante,- replicó infantilmente y salió del lugar.
Rápidamente llamó a sus hombres y les contó la situación, incluyendo la extraña invitación de la mafia enemiga. Regresó al hotel y cuando abrió la puerta se encontró a Daisuke atado con las sábanas y medio inconsciente. Una mirada asesina fue a parar a Tamashi y éste acudió a explicar las cosas.
-Cuando marchaste despertó y trató de escapar. Le detuve, cerré la puerta con llave, pero en ese momento fue a la ventana y dijo que prefería saltar a seguir en esta jaula… le agarré, pero tiene bastante fuerza el condenado y no quise golpearlo porque no quería dejarle marcas en su pálida piel…. Con el escándalo vino el personal del hotel y tras llamar al enfermero, le inyectaron un calmante. Tuvimos que atarle a la cama hasta que se durmió.
-Caray, veo que Dai-chan tiene unas buenas uñitas. Gracias Tama-chan, puedes marcharte y habla con Yama-chan para que te diga lo que haremos esta noche.- dijo con una sonrisa y echó la llave cuando el otro marchó. Su sonrisa se desvaneció y una expresión de enfado cubrió su rostro, caminando hacia la cama donde Daisuke empezaba a despertarse.
-Mierda… -alcanzó a decir el joven al verse atado y frente a la cabreada mirada del mafioso. Parecía estar en modo asesino, mejor sería no enfadarle demasiado.
-¿Y bien? ¿Dónde está esa determinación de ayer?
-Nunca dije que aceptaría esto. Es más, en cuanto me liberes saldré corriendo.
-No te conviene decir eso. Primero, podría violarte sádicamente, esa posición es muy tentadora ¿lo sabías? Y segundo, te arriesgas a que me enfade de verdad y te viole hasta que caiga exhausto y te aviso que no soy de los que se cansan rápido.
-Pues vaya, si esos es todo lo que sabes hacer no me sorprendes para nada. Ya probé tu medicina, no me gustó, pero ya sé cómo afrontarlo.
-¿Qué no te gustó? Pero si no hacías más que gemir como una niña… además, aquella vez fui muy gentil.
La mirada de Seiji estaba tan llena de furia y lujuria que hizo estremecer a Daisuke. Empezaba a arrepentirse de decir esas cosas, porqué no podría ser como todas la víctimas y lloriquear para que le dejara en paz… no, eso era muy rastrero. Tenía que defender su orgullo, aunque fuera tomado a la fuerza mil veces. Chasqueó la lengua y miró hacia otro lado, cansado de seguir discutiendo. Unas ropas cayeron sobre su cuerpo y alzó una ceja sin comprender aquello. Parecía ser un traje caro.
-Te desataré y te pondrás eso. Tenemos una cena especial y hay que ir de etiqueta.
-Eso no es de mafiosos.
-Da igual, tú sólo vístete y acompáñame. No tienes que hacer nada, sólo permanecer a mi lado.
-¿Y si digo que no?
-Lamentablemente no es una sugerencia ¡es una orden!
-Pues métete las órdenes por donde te quepan Se-i-ji-chan.- dijo arrastrando las palabras.
Seiji apretó el puño con furia y pegó un puñetazo a la puerta, haciendo un pequeño agujero. Caminó hacia el desafiante estudiante y le cogió por el pescuezo, mirándole con el ceño marcado y destilando furia. Daisuke agachó la mirada, pese a que trataba de mantener la compostura, no era capaz de mantener aquella mirada.
-Lo repetiré un vez más: ponte esa ropa y moverás el culo tras de mí.
-Que te follen.- soltó con desprecio y cerró los ojos esperando lo peor. Sin embargo, Seiji soltó su cuello y empezó a reír, con una risa tan malvada que producía escalofríos.
-¡Qué gracioso eres Dai-chan! Veo que te gusta enfadarme… bueno, es normal, los perros primero tienen que entender las órdenes de su amo. Y como acabo de recogerte, tengo que adiestrarte. Seguro que te lo pensarás dos veces antes de ladrar, cachorrito.
La esperada hora llegó y a las diez en punto el aparcamiento del restaurante “Kuroi Neko”, se llenó de coches lujosos y oscuros. Gente elegante salía de esos coches y hablaban animadamente con la gente del lugar, escuchando música refinada y tomando champán.
El coche de Seiji irrumpió en el aparcamiento. El mafioso salió del coche con un elegante traje negro, y sus cortos cabellos rubios peinados cuidadosamente. Lanzó una mirada al entorno y tras saludar a algún conocido con un gesto, abrió la puerta del asiento de atrás.
-Dai-chan, hemos llegado.
-¿Bromeas? No pienso salir así.
-Te lo dejé bien claro, te di dos oportunidades para que fueras con el traje, tú las rechazaste y eso es lo que hay.
-Sueles ser tres oportunidades.
-Eso no es de mafiosos.- Dijo con un tono burlón y tirando de una correa de perro. Daisuke fue obligado a salir del coche, llamando la atención de los presentes. Tan sólo iba con una camisa blanca, ligeramente larga para cubrir estratégicamente su entrepierna y un collar de perro negro con un lazo estaba en su cuello. De la hebilla del collar salía la correa de cuero, a juego con el lazo.- Cuanto más te resistas, más atención llamarás.
Daisuke gruñó y bajó la mirada, siguiéndole como un perrito obediente. No se atrevía a ver a nadie a los ojos y se distrajo en mantener la camisa en su sitio y no mostrar sus vergüenzas a todos los invitados.
-Seiji, ¿no entendiste lo que te dije?- preguntó la voz femenina de Megumi.
-¿Acaso este traje te parece poco? Hasta me he peinado como un marqués.
-Tú no idita, el chico.
-Venga, si lleva una pajarita ¿ves? Y la camisa es de seda de primera calidad. Los perros no necesitan más Megu-chan.- replicó molesto y entró en el lugar tirando de Daisuke.
Daisuke quería morir ahí mismo. Pensó que le llevaría a un antro de esos que salen en las películas, pero aquel lugar era sumamente elegante, con su propia banda y todo adornado con flores y velas. Las mujeres vestían increíbles vestidos de noche y los hombres iban perfectamente conjuntados con sus parejas… él era el único con esas pintas. Por si fuera poco, Seiji hizo la gracia de que el joven sabía hacer unos trucos muy buenos, como dar la patita y sentarse. Las carcajadas salían a montones y juraría que más de una vez alguien le había tocado el culo.
Durante la cena, Seiji le obligó a que permaneciera sentado en sus rodillas y se negó a comer. Después vino la subasta y cuando Seiji adquirió los territorios que buscaba, se fueron del lugar. Daisuke no dijo nada, guardó un silencio sepulcral en el coche y cuando llegaron a la habitación, caminó despacio a la cama y Seiji le desató las manos y le quitó la correa. Tras esto, fue al baño y cuanto cerró la puerta Daisuke estalló en lágrimas.
-Te odio, te odio, te odio, te odio, te odio, te odio ¡TE ODIO!
Se levantó con coraje y dio vueltas en círculo como una fiera enjaulada, repitiendo las mismas palabras una y otra vez. Su mirada se distrajo con la ropa de Seiji, que estaba sobre el respaldo de una silla. La puerta se abrió y apareció el mayor con el pelo mojado y una toalla alrededor de la cintura. Daisuke le miró fijamente y colocó el cañón de la pistola en su frente.
-Te dejaste esto fuera.
-Vaya, es una fea costumbre mía.
-¡Abre la puerta!
-No.
-¡Abre la puerta! O si no…
-¿Qué? ¿me dispararás? Adelante, no tienes cojones.
Daisuke cargó la pistola y apretó levemente el gatillo. Colocó la pistola con más fuerza sobre la frente del mayor, con un perceptible temblor en el agarre y con miedo en la mirada. Los ojos de Seiji mostraban intriga, y mucha serenidad. Alzó la mano y apartó el cañón de su frente, juntándose más y robándole un beso.
-Hino-chan, esto no habría pasado si no me hubieras desobedecido.
Abrazó la figura del estudiante y dejó la pistola sobre la mesa, caminando hacia la cama con él. Daisuke suplicó que no le hiciera nada, pero ya fue tarde, la mano de Seiji se apoderó de su miembro y terminaron en la cama. Nuevamente el miembro del mayor se introdujo en su entrada y de nuevo le arrancó esos sonidos tan vergonzosos. “Te odio”, se repetía mentalmente, mientras el mafioso derrumbaba con facilidad la pequeña fortaleza que había construido en su corazón.